PARA ABIGAIL




Don Diego,
progenitor de Rodrigo,
miraba los dientes
de todos sus hijos.

Uno por uno
la boca le abrían
Nadie pondrá
el dedo en la mía”.
Dice Cromacio que dijo
Rodrigo Díaz

Repasa la gesta, pupilo,
del Mío Cid Campeador,
cantar de los juglares
de los tiempos medievales;
que no es bello,
pero es cierto”
me lo dijo;
Cromacio Díaz de Alda Urzúa
vasco, español de mi porte
profesor y mentor
que acabó como cura.
.

RODRIGO PALADIN DEL REY SANCHO II; EL FUERTE


Sentado como el más vivo

en el más cuadrúpedos de sus blancos.

Sólo el Cid no fue vencido
en la más estrella de los antiguos.


Y en sangrados truenos
del escuadrón numérico
cantaron en espadas
los filos sus tormentos


Punza la espuela los ijares
en las hinchadas venas
de todos los costados
y erizan sus bellos 
moros y gallardos
a la estela pura del guerrero.

Vela el Cid sus armas y los temores
en propios huesos
y en los versos de todos los cantores.


.

IO SOI TISONA.


 

HECHA EN LA ERA DE MILE QUARENTA


Sólo el Cid de cides
destiló sangre enemiga
por codos, axilas y barrigas.

Abrió carnes hasta el pecho
y hasta el vientre mismo de la tierra
arrancó de los mejores brazos los tendones.

Cuellos nervudos y trozados
a su espada cual campana
las carnes le fueron entregadas.


Para partir en dos

la historia de la España
la filosa es levantada.


AVE MARIA GRATYIA PLENA DOMINUS TECUM


.

EL NOMBRE

A ese varón
justo y valeroso
que tiene el coraje del piadoso
los moros llaman Cid.


Y al que en el campo de la lid
ha vencido a un paladín
los cristianos claman
Campeador


A fines del siglo octavo
y en la España visigoda
han penetrado, soldados moros.
Se irán a punta de espada.

La esperanza de España
sabe quien
la gloria se ha terciado
Y son 1063
de ayer:





.

ZARAGOZA Y ZAMORA


Las traiciones enredosas
los paganos, los infieles
caen bajo el brazo
justiciero ensangrentante
despreciando belicoso
al confidente odioso

Nervios del guerrero
estremecen los turbantes
cuando las filas moras
en dos por dios
se parten.

Victorioso se proclama
en Zaragoza y en Zamora
al Campeador campante.


MUERTE DEL REY SANCHO II

Muere Sáncho de Castilla
en el cerco de Zamora,
bienhechor y rey del infanzón.
Bellido Dolfos lo ha muerto.
Y le llaman el traidor.

Rodrigo Díaz de Vivar
El vencedor de Zaragoza
abanderado y seguidor
se ha quedado sin señor.

JURA DE SANTA GADEA


- Soy jefe de las huestes
y con derecho hidalgo.
Jurad, rey Alfonso de Castilla,
proclamado nuevo rey,
que a tu consejo
mi señor no ha sido muerto.

- ¿Me pides que jure?

- Así lo pido.

- Lo juro.

Y van 1072
años corridos.

EL CASAMIENTO




































.
.
- Quiero y es mi voluntad
que seas  mi distinguido vasallo.
Te honraré con mi sangre
y te casarás con Jimena
mejorando lo ganado.

El reciente premia favores.
Lluvia virgen de Asturias
y con aroma de flores
viene la nieta de rey
Jimena Díaz.
Jimena florece
de las montañas de Asturias.
Jimena aparece
del reino español y cristiano
que nunca ha sido
a extranjero dominio sometido.

Laten los muros de Burgos,
por esa mujer de bezos
que tomada del brazo
bajo lluvia de coros
sale airosa del templo.

Y 1074
van dados.


.

CASTILLO DE CABRAS

Alfonso ha ordenado al Cid
cobrar tributos a Sevilla
y el Cid se ha plantado
junto al moro sevillano
contra el reino de Granada
que es protegido por Castilla.

¡Ave María!
Se han juntado
moro y cristiano
y tomando cautivo
a un tal García,
en el castillo de Las Cabras
sus barbas le han mecido.


.

LA INTRIGA









Acusan al Cid de talar
el dominio musulmán
protegido de Castilla
y de guardarse algún caudal

¡Pero hombre,
aquello es mentira!

Tienen oídos las intrigas
y odio el disimulo urdido
Con solo una le basta a ese García.

El rey sustenta con airado seño
que el destierro es justo
y el exilio, perfecto.

Rodrigo Díaz de Vivar
en la jornada novena
vaciará sus dominios.

Y 1085
han sido.


.

EL DESTIERRO

-  Que me acompañen los vasallos
de Vivar desheredados.

Los palacios, sus balcones,
los poblados ya vacíos.

- Hogar y vestiduras me abandonan,
del reino pide el rey me olviden.

-  A vivir de Vivar las desventuras
nos avistan los halcones
apretando los candados.


.

LA PROMESA

- Vasallos;

me arrojan de Castilla.
Por amor al rey Alfonso
aunque lo supliquen los cielos,
a mi barba no arrimo tijera.
No tajaré ni un pelo de ella.
Se mantendrán intonsos
mi barba y cabellera.

El batallador y sus pendones
no son dignos de perdones
y en cada puerta los atisbos,
y en las ventanas las miradas
hallan puerta y puerta
bien trancada.

A las puertas de Burgos

nadie digna alojar a sus leales

Se encumbra cidi en la estribera
y llama a voz para que abrieran.

Son las doce para doce
Los muros parece que no oyeran.


.

LA NIÑA

Y de nueve años magníficos

la adolescente dice:

- Oh, campeador campante;
  si tal voz oyéramos
  ganaremos las desgracias.
  Sigue de largo tu camino
  con tu mesnada a cuestas
  que la medida del rey
  es justa y la funesta

Baja el cidi la cabeza
y retorna grupas cavilando
y en la sesera agrupa
meditando.

Mas es justo el indicar
que El Cid era un mercader
aventurero y gran pedante.

¡Hombre,
era un gobernante!

EL ENGAÑO DE LAS ARCAS

Dos arcas de arenas
llenas bien pesadas
de bronce claveteado
en esculpido cuero
Va por los que tienen
haberes monedados
Va por los hebreos.

- Me destierran, Raquel y Vidas.
Me destierran;
guarden mis riquezas
en mis arcas
con gran secreto se los pido
y a escondidas.

Inventa el cuento y las empeña
Raquel y Vidas han jurado
permanecerán enriquecidos
con las arcas de arenas
llenas.

Y el Cid es santiguado
por embaucar a los judíos.
Le agradecerán todos los cristianos
¿No ven que ellos mataron Jesús?

DESPEDIDA

Adiós al batallador ilustre

de la fermosa barba tan cumplida
cuiden de Jimena y de sus hijas
que dicen ser mellizas,
pero eso no es cierto.

Adiós fieles castellanos.
Adiós a los vasallos.

Tan contentos salen de la misa
con riendas sueltas liberadas
fuera dese reino
y con prisa.

Se suman a la polvareda
van hacia el destierro
por la estepa de Castilla
Y se queda Jimena
en el convento
con sus niñas.

CASTELLÓN

Y aquí comienza la gesta.

Al Cid se arriman galopantes.
Se arrima la noche
de coraza iluminada.

Se arriman yelmos deslumbrantes
con filoso ruido
metálico de espadas.

Se arriman tantos a su estrella
que la noche ya destella
sobre la masa rutilada
y los montes de la sierra
se remueven
cuando pisa fuerte su mesnada.

Cabalga Cid cabalga
y no te pares
Cabalga y persevera
con tus pares
para caer en Castellón
con lanzas esforzadas.

El Cid cabalga
con paso acorazado.

Los adelantados
que caen a la mala
son los salteadores sabedores
de la tierra numerosa de ganado.
De rebaños y manadas prosperados
con su campeador
contento van contando
para sus caballeros, caballares.

Mueren los moros degollados
y los pocos vivos
fecundados.

El Cid ciñe la espada
y atesora su botín
pacificante de los moros
hace patria España
liberando moras
para que no diga mal
el moro emir.

SAQUEOS

Los moros temen la cidada
y la pagan
para que su vida no conmuevan
Y paga Alcocer después
de tres meses de cercarla.
Y paga Ateca,
Terre y Catayudu
y la ribera del Jalón.
Pero pagan sin rendirse
ese tributo.

Suma y sigue el Cid
doliendo y duplicando
sin perdones los emires
por lo cual duerme con botines.

VENGANZA DE LOS MOROS Y LA BATALLA

Se aglutinan sarracenos ofendidos

hasta llegar a los tres mil.
Numerosos pendones no contables
cercarán al mal nacido y al infiel.
El que nació de pie
y sus seis cientos;
se mueren ya de sed,
se les acaba el pan,
están perdidos.

Saciaran la sed y el hambre
con estruendo de tambores.

A punto de catar la sangre
la tierra se agrieta
por los golpes atrevidos

Las mallas de loriga
salen a la carga
enhorabuena
lanza en ristre
cargan los arzones.

Son ríos que se cruzan
frente a frente
esos batallones

Punzan las espuelas 
las mesnadas
con todos los talones.
Y en hinchadas venas
de sus caballares
convulsionan los sudores
villanos e infanzones.

Habrán coraza y casco
en sangre tinta justiciada
hasta que se consuma la derrota
en la tarde anaranjada.

Ya cayeron seis cientos
de los tres mil cabalgadores
se deshacen las huestes enemigas
se deshacen los unos de los otros
y vagan por los pastos de batalla
sin monturas los injustos.

Abiertos en dos algunos potros
y en el soto valle quiebran lanzas,
se clavan ojo por ojo los calientes
y en la arbolada
diente a diente calurosos.

Se devuelven los mandobles
blandidos por feroces
y el anónimo recuerda
“los moros llaman a Mafómat
“e los cristianos Santi Yague
que es decir Mahoma y a San Tiago.

Los moros muertos mil trescientos ya
algunos caídos del caballo
se defiende a puros espadazos
y los montados
a los de pie van despachando.

Saltan las bellas piedras
de los cascos por mazazos
volando cada yelmo,
tajo a tajo.

Asiste don Rodrigo
con valiente brazo diestro
a Minaya Alvar Fañez,
su estandarte  paladín
y al mismo tiempo
con el siniestro brazo
tres golpes daba
al emir Fariz
y le parte la nariz.

Es un batallador incontenible
sobre su alazán  sin par;
cabalmente insuperable.

Fue así como los moros
se expulsaron del campo.
Pero se fueron lidiando.

Y a Castilla llega la noticia
de que el Cid
saqueó a los moros
perdiendo sólo quince belicosos.

Oro y plata con sangre, lucrados
peones y jinetes, dios mío,
uno por uno acaudalado.

Cumplirá con su manda el Mío Cid
Pagará en la catedral sus misas mil.
Puesto que Dios lo manda así
y también a ser damas ricas
a Elvira y Sol, sus hijas.

Por la noche recaudará derecho
con las moras viudas
ya desnudas.

ENCUENTRO CON EL CONDE DE BARCELONA DON RAMÓN DE BERENGUER

Bien dice el anónimo:
quien se queda,
mengua.

Dejarán el campamento
donde se libraron los campales
y de amanecida cabalgarán los afanosos.

Avanzará sobre regiones protegidas
por marqueses, condes y señores.

Y como quien busca encuentra,
el bueno de Vivar arrasa y tala
por donde pisa el conde infame.

Por agravio y por escarnio
será retado el expatriado.

He aquí su arenga:
- Guerreros,
la contienda es desigual.
Nunca
descendió nuestro  blasón.
Espero
que esta no sea la ocasión.
Si muero
mis dos brazos derechos
cumplirán con su deber.
Pues el Conde don Ramón
no permitirá  nuestra partida.

- Aquí sea la batalla acometida.

LA BATALLA

Allí vienen ellos
que son malos
soberbios, brutales y perversos
Además feos.

Ellos traen  endebles calzas,
nosotros gallegas sillas.

Nosotros somos buenos
leales, espléndidos y bellos
justos y valientes.
Generosos.
Para ese millón de lanzas
con cien caballeros nos alcanza.

Las mesnadas luchan
bravamente.
Con alegría van destripando
y con arrojo descartando.
Con bravura matan
hieren las soldadas,
la traspasan
Y se apodera el Cid carneando
de gran espada,
la Colada.

(Y que sepan, hija,  los becarios
que este es cuento sobrio
muy distinto al de Huidobro.)

Ha vencido el Cid en la batalla
y ha perdido sangre propia
capturando al Conde
de nombre don Ramón
y a muchos de sus nobles.

Nuevos botines van sumando
monedas de pecheros y vasallos.

Corren las viandas prestamente
adobadas por ganancias triplicadas
y al conde prometidas prontamente

Pero este no responde al alimento
de semejantes mal calzados
aunque ahora
vayan bien montados.